Curuxas

Me gustan las tardes como esta. Tan solo mis padres y yo, viajando en el coche sin un destino definido. Ya no soy un niño, pero creo que nuestro lazo vale la pena cuidarlo. Del mismo modo que tocas un piano viejo para que siempre suene bien, nosotros viajamos juntos. Nunca acabamos en el mismo lugar y hoy seguimos el plan de mi madre.


Es día de nostalgia. Cuando era pequeña la familia se reunía cada fin de semana en casa de mi tío. Se mudaron años antes de mi nacimiento, por lo que nunca estuve allí. La única manera de llegar es recorriendo un camino de tierra - que está lleno de barro a causa de la lluvia - dejamos el coche y seguimos a pie.El camino es bastante cómodo y llegamos antes de lo que yo creía. Tardamos unos veinte minutos en acabar el camino embarrado. Ahora los pies ya no se hunden con que aceleramos el paso. Antes de llegar a nuestro destino pasamos por delante de otra casa.


Esta abandonada. Parece ser de piedra y madera, tiene un negro ceniza por algunas zonas. No es muy grande, aunque tiene dos plantas. Se nota el daño de los años, lo más llamativo es el pequeño árbol que esta brotando en el tejado. Al pasar mi madre le llama ´´ a casa das curuxas ´´ . Al parecer hace ya muchos años, cuando ella era una niña, vivían en ella dos hermanas. Eran viejas y no muy amables. Del tipo del persona que desean problemas al vecino y lo disfrutan cuando llega. O eso decían todos cuando estaban vivas, hasta mi padre escucho hablar de ellas. Los niños no eran los únicos que las temían. No podía imaginar otra cosa que una película de terror, como las basadas en leyendas urbanas. Y fue mejor cuando supe su final. Resulta que las dos hermanas murieron la misma noche, dos días más tarde la casa ardió.

Siento un leve escalofrío y seguimos. La casa de mi tío es diferente. También está abandonada, pero la piedra se mantiene intacta, no parece que el tiempo haga mella en ella. La rodea un enorme campo lleno de maleza. Mi madre empieza a narrar sus recuerdos y veo como todo cobra vida. El sol reluce sobre la piedra. Los adultos ríen sentados alrededor de una preciosa mesa de lo que parece roble. Observan con orgullo a los niños, corriendo por el que ahora es un inmenso campo lleno de frutales. Son felices.Veo iluminarse la cara de mi madre con los recuerdos, la de mi padre al observarla a ella. Todavía se quieren.

Tardamos un buen rato en emprender el camino de vuelta a casa. Caminamos mientras hablamos de nuestras tonterías. Nos paramos ante la vieja casa. Es incomodo. Como será por dentro lo digo sin querer. Mi me dice que entre si quiero saberlo, que me esperan y se ríe. Mi madre responde que no es una buena idea. Pero mi padre vuelve a reírse y me pregunta si tengo miedo. Se que me quiere, pero disfruta picándome, siempre lo ha hecho. Yo acabo cayendo en su juego (como siempre) y decido entrar un momento, ellos me esperan fuera.

Tardo un poco en llegar a la puerta, hay una muralla de maleza, pero al superarla es fácil entrar. La puerta esta entreabierta. Entro. Me encuentro en un pasillo, todo lleno de plantas y tablas sueltas. Nada fuera de lo común para una casa en ese estado. Avanzo hasta el final del pasillo y me doy la vuelta para mirar la puerta, estoy solo. Subo las escaleras hasta la segunda planta. La madera no chirría, me parece extraño que yo sepa las casas viejas siempre hacen mucho ruido ¿No?

Salgo a una estancia amplia , con un corto pasillo a mi derecha. La maleza conquistó esta planta, pero logro entrever antiguos muebles. Están quemados. Huele raro ; como una mezcla de serrín, ceniza y algo que no reconozco. No me gusta por lo que decido irme. Pero lo escucho, viene del pasillo a mi derecha, alguien esta tosiendo. Lo normal es que saliera corriendo despavorido de allí. Pero mi cuerpo empieza avanzar por dicho pasillo. A la izquierda hay una estancia que ignoro. No puedo apartar la mirada del frente. Termino el pasillo y atravieso el umbral de lo que parece el baño. Inmerso en polvo y suciedad acumulada por los años.

Justo delante esta el espejo. No hay mucha luz, con lo que me cuesta ver mi reflejo. Avanzo hasta quedarme a dos palmos de el. Lo veo. Parece mayor, con el pelo de un tono grisáceo y la cara infestada de arrugas. Esta tosiendo con espasmos, al verme se detiene de golpe. Se queda mirándome y entre la curtida barba se desliza un hilo de sangre. No puedo apartar la mirada, ni moverme, no me atrevo a pestañear. El da un paso hacía mi y yo hago lo mismo, es instintivo. Estamos demasiado cerca, casi podemos rozarnos.
Tenemos los mismos ojos.

Lo entiendo, mi respiración se agita y empiezo a toser. Logro detenerme y vuelvo a mirarlo. No se mueve. Nuestra mirada vuelve anclarse y dice algo, pero no escucho palabra alguna solo una especie de chirrido. Las lágrimas brotan de sus ojos, de nuestros ojos. No entiendo el motivo pero quiero abrazarlo, alzo mis brazos y el hace lo mismo. Entonces me doy cuenta. Una mano se desliza por su hombro, su expresión cambia. Tiene miedo. El espejo se descuelga cayendo y contra el suelo en medio de un gran estruendo.

Reacciono como una liebre asustada y corro hasta salir de la casa. Mis padres al verme no dicen nada, solo me abrazan. Nos vamos.

Diego Alonso R.

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