No tengo mucho tiempo para hablar, pero necesito hacerlo o acabaré volviéndome loca, y en mi caso no quiero imaginarme las consecuencias. Debo decir desde el inicio, aún a riesgo de parecer que la locura ya me ha alcanzado, la razón por la que mi vida es diferente: Nací con el alma fuera de mi cuerpo. Podríamos ponernos a debatir sobre el concepto del alma o hablar sobre mi percepción de la realidad, ¿pero sabes qué? No tengo ni tiempo ni ganas para ello. Así que el problema es sencillo y lo repito una vez más para dejarlo claro: Nací con el alma fuera de mi cuerpo.
No es algo que llame la atención de la gente, incluso ahora que soy una mujer adulta, solo conozco a una persona que se diera cuenta. ¿Cómo se ve el alma? Pues no podría decirlo con seguridad, dudo que todas las almas tengan el mismo aspecto, o puede que sí lo tengan y cambien al salir de su recipiente, ser un caso peculiar no me hace experta. Lo que sí puedo decir es como es mi alma, tiene el mismo aspecto que yo, con la diferencia de que ella está en una llama perpetua. Es una imagen bastante poderosa. Por eso me costó comprender que nadie se sobresaltase en su presencia, era muy pequeña para hacer la sinapsis correspondiente, pero en cuanto entendí del todo que nadie más podía verla los problemas cesaron. Al menos los que tienen que ver con una niña pequeña cuya salud mental está puesta en duda, porque sí puedo asegurar que vivir con la llama caminante no es sencillo. Aunque su aspecto es imponente sus llamas no son reales, son una representación de mi ser, así que no pueden quemar. Tampoco puede hacer contacto con mi lado del mundo, solo está ahí, reaccionando y cambiando ante mis sentimientos. Cuando la rabia comienza a llenarme las llamas se reducen hasta casi desaparecer, dejando tan solo el crepitar y las ascuas recorriendo mi piel; en cambio cuando es la alegría quien me llena las llamas aumentan, no en todas direcciones, sino generando una capa digna de la imagen más impresionante vista por nadie...
Tengo la bendición y la maldición de ver mis sentimientos.
Debo recalcar que crecer tuvo una ventaja, y es que aprendí a vivir con las reglas del mundo rotas. La sorpresa es que ella también aprendió, incluso ha desarrollado su propia personalidad. Porque me niego a admitir que tenga la misma que yo, los actos de esa llama caminante no son los míos, o tal vez una parte que no conozco de mí... ¡Da igual! El hecho es que ahora toma sus propias decisiones y eso es problemático, por si fuera poco además puede afectar a este lado del mundo. No, no va generando un incendio continuo por donde pasa, pero en ciertos momentos sí logra interaccionar con este lado. A veces desearía que pudiera hablar, así al menos podría decirme lo que piensa, tal vez también haya desarrollado su propia alma... Luego pienso lo molesta que logra ser y se me pasa.
Pero está claro que tengo que hacer algo, por eso vine a esta ciudad de mierda, por el bien de las dos. Debo encontrar a la mujer de rojo y descubrir como unirme a mi alma. Porque ya sé como librarme del problema en que me acaba de meter, pero también sé que solo es cuestión de tiempo acabar en una situación sin escapatoria... ¡Ah! Ya ha llegado mi turno, vamos allá, solo espero que se esté quieta un rato más...
–Hola, agente. Fue una suerte que llegaran a tiempo, todavía estoy impactada...
Diego Alonso R.

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