Café nocturno




La puerta se abre con un intenso chirrido. Por suerte no hay nadie a quien molestar, a parte del obvio culpable. El cual avanza entre los bancos, vacíos como sus usuarios habituales. Pronto encuentra al oyente deseado, lo espera dentro del confesionario.

 
- Ave María Purísima.

- Sin pecado concebida...

- ¿Cuánto hace de tu última confesión hijo?- Su voz es rasposa y delata una vida gastada.

- Nunca me he confesado.- Parece atragantarse con sus palabras.

- Grave error, todos debemos confesarnos ya que no podemos evitar pecar.

- Lo entiendo, pero dudo que pueda creerme.- No deja de mirar tras su espalda y el párroco lo nota.

- Cualquier cosa que pueda asustar tanto a un hombre debería tomarse en serio. Así que cuéntame todo hijo, no estoy aquí para juzgarte.- Tras unos segundos de duda parece que sus palabras surgen efecto.

- Esta bien, intente creerme...
Todos los domingos los paso igual. Compro una botella de Ballantine's y la bebo hasta quedarme dormido. Se que no es la mejor manera de empezar esto, pero puedo asegurar que mis problemas con el alcohol no afectan a los hechos. Me desperté con unas ganas horribles de mear. Y cuando volvía a la cama empezó a sonar el timbre. Y eso es extraño. Yo no recibo visitas, a parte de los chicos que contrato algunas veces, y mucho menos a las tres de la mañana. Pensé que sucedería alguna clase de accidente y baje tan rápido como pude. Pero al girar el pomo solo encontré una anciana.
- ¿Vas a dejar a una anciana en la puerta? - Su voz era muy agradable.


- Perdone, pase.- No se porque dije eso, fue algo instintivo.


Se acercó a la mesa de la cocina y se sentó en la primera silla. Yo empecé a hacer café. Se que mis actos parecen extraños, entra una desconocida y yo le preparo café sin dudarlo. Pero cualquiera que la viera actuaría del mismo modo. Parecía una buena persona, pero los años la habían desgastado mucho. Además se asemejaba a mi abuela, todo en ella provocaba un aura de tranquilidad.


- Ya está haciéndose el café. No creo que tarde mucho.


- Gracias, eso me hará entrar en calor.- No dejaba de frotarse las manos.


- Perdone pero tengo que preguntarlo ¿Quién es usted?- Por muy agradable que fuera seguía siendo una desconocida.


- ¿No me reconoces? Es cierto que estoy cambiada, pero mis ojos son los mismos.- La observé unos segundos y debo admitir que esos ojos eran increíbles, aunque no encajaban con su aspecto.

- Perdone pero no la reconozco. ¿Qué viene hacer a estas horas?

- ¿No te acuerdas? Hoy es tu cumpleaños. Vengo a cobrar mi deuda.- Una sonrisa apareció entre sus arrugas.

La reconocí. Había cambiado tanto que parecía otra persona, pero mi mente sabía que era ella y mi cuerpo también. Porque empecé a sudar, mientras mi mandíbula traqueteaba. No estaba preparado para pagar.

- Siéntate.- Lo dijo señalando la silla frente a ella y yo me senté al instante.

- ¿Qué vas hacer? - Mi voz temblaba tanto como yo.

- ¿No te lo dije? Voy a cobrar mi deuda. Espero que no la hayas olvidado.

- No lo he olvidado.- Mantenía mi mirada baja.

- Entonces dame lo que es mío. Ahora.- Lo dijo mientras adelantaba su mano para recibir el pago.

- Me preguntaba... ¿No podríamos hacer un trato? Tal vez pueda pagarte en otro momento.- No pude levantar la mirada.

- ¿Acaso no cumplí mi parte?- El aura cambió de golpe.

- Sí.

- ¿Acaso no fui clara?- No elevó su voz, pero sonaba más fuerte.

- Sí, pero...

- Entonces dame lo que es mío.

- Pensaba que tal vez podría tener más tiempo...- No sabía que decir para convencerla. Entonces la cafetera terminó su trabajo.

- Prepara mi taza de café.

Me levanté tan rápido que tire la silla. Y me puse a preparar su café, mientras se quedaba a mis espaldas. Mi mandíbula se controlaba, pero mi cabeza no dejaba de gritar, necesitaba una buena idea. Estaba tan nervioso que no podía pensar, incluso derramé parte del café por la mesa. Cuando me senté ella seguía mirándome.

- Fuiste tu quien me llamó. Cumplí con mi palabra y tuviste veintitrés años por delante. Lo justo es que cumplas la tuya.- Dio un sorbo de la taza.

- Claro que voy a pagarte, es solo que quería tener más tiempo. Creo que todavía soy joven.

- También lo era ella. Hoy has alcanzado su edad y sabes lo que significa. ¿Acaso quieres engañarme? No me sorprende, sois iguales.

- No me compares con ella- Sin darme cuenta me puse en pie.

- ¿No te gusta? ¿Entonces vas a pegarme o vas a saldar la deuda?- Vi su pequeña mueca burlona.

- ¡Cállate! Yo jamás hice daño a nadie.- Intenté apretar los puños para calmarme.

- Por favor, solo mírate. Estas deseando hacerme daño. Golpearme hasta que mi carne se rasgue. ¿Verdad? Lo llevas dentro. Tal vez lo merecieras.- Entonces esa mueca se transformó en una enorme sonrisa.

- ¿Cómo puedes decir eso? Solo era un niño.- La odiaba y por un momento olvidé el miedo que le tenía.

- Un niño que asesinó a su madre.- Eso me hizo volver en mi.

- No, fuiste tú.

- No te confundas, fueron mis manos. Pero fuiste tú quien lo pidió. Recuerda el trato.- Su voz estaba cambiando, era más rasposa.

- Pero solo era un niño. No sabía que era real, no lo sabía...- Y empecé a llorar. Por un momento volvía a ser un niño, volvía a estar en aquel cuarto.

- No importa, la palabra de un niño vale lo mismo que la de un hombre. Eras consciente de lo que sucedería. Pero si quieres más años podemos llegar a un trato.- Creo que sus ojos se apagaron, aunque con las lágrimas no veía bien.

- ¿Qué trato? - No confiaba en ella, pero quería más tiempo.

- Me prometiste tu tiempo a cambio del suyo. Dame a otra persona y tendrás un poco más de tiempo. ¿Es justo verdad?.- Su voz ya no era la misma. Parecía otra cosa, pero no una anciana.

-¿No hay otra opción?

-No.

- Vale.- Tenía miedo pero todos queremos vivir.

-¿Trato?- Lo dijo mientras me ofrecía su mano.

- Trato.

Nos dimos la mano, se termino el café y se fue sin decir nada más.

- Eso parece una gran historia.

-¿Entonces me cree?- Su voz tiembla más que antes.

- Tal vez, pero entiende que es algo difícil de creer. De todos modos, ¿A quien le entregarías?- Lo dijo sin pensar.

- A usted padre.

Diego Alonso R.
Obra publicada en la revista literaria ´´El Narratorio´´. 
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